domingo, 10 de marzo de 2013

LA MAGIA DEL ESPIRITU DEL DRAGÓN

Con los Dragones ha sucedido igual que con los Elementales. Luego de ser habituales acompañantes del género humano, se convirtieron en personajes de cuentos y leyendas que, poco a poco, bajaron su estatus a los relatos infantiles; no por ser malignos, o fantasiosos, aunque sí fantásticos, o porque la comprensión infantil fuese menos; al contrario, a pesar de las luchas por hacerlo ver así, los niños nunca dejaron de verlos y de creer en ellos. Mas dada la visión estrecha del humano, resultaba más fácil atañer sus historias a la imaginación de los niños junto a las hadas, gnomos, troles, etc.


Los Dragones han sido seres tenidos en la más alta estima desde los arcaicos tiempos del gran continente Atlante, y, dada su fuerza y tamaño, catalogados bajo el más supersticioso temor. Los Instructores de las emergentes razas de la Humanidad se llamaron a sí mismos Dragones, adoptaron al Dragón occidental como emblema de su soberanía sobre los elementos de la naturaleza y de su sujeción al culto solar. Los que seguían el camino lunar adoptaron a la serpiente como su símbolo. Mientras, Oriente manejaba a sus dragones con mucho más respeto, a pesar de ser más antiguos. En realidad, la serpiente y el dragón siempre han sido uno, ya que ella termina adquiriendo alas al sublimarse, y entonces se convierte en el dragón alado, y éste devendrá en el Ouroboros, el dragón que muerde su propia cola, símbolo del Infinito.

Nadie puede, a estas alturas, negar que la vida se originó en el agua. Nadie puede negar la importancia de las Divinidades que emergieron del mar, como Oannes, del cual se habla como hombre pez, o serpiente marina, ratificando el origen común entre serpiente y dragón.

Existen escritos antiguos donde se habla del culto a deidades de nombres vertientes a la palabra dragón. Como los rollos y estatuillas de Babilonia describiendo así, el culto al dios Dagon o Dugón. Y a pesar de los intentos de varias religiones por sabotear la imagen de estas criaturas, hoy en día resurge con más fuerza El Aliento del Dragón. Brindando toda su sabiduría y gran fuerza a todos los que deseen confraternizar con estos.

Estos grandes aliados en la magia solo se presentan si así lo desean y siempre y cuando no les quede duda del propósito y sentimientos de quienes les invocan. Seres de gran poder dispuestos a compartir su sabiduría milenaria.

Desde tiempos inmemoriales los Dragones han estado en la mente de los hombres. La palabra dragón proviene del griego Derkomai. “El de aguda mirada.” Los romanos latinizaron y lo tradujeron a Drako. “Serpiente gigante.”

Los dragones son guardianes de grandes tesoros, más el tesoro más grande que guardan es el del conocimiento y la sabiduría. Son seres que han estado presentes desde el comienzo de las eras de la humanidad y mucho antes.

Los dragones han estado presentes en todas las culturas antiguas, desde el lejano oriente hasta las culturas mesoamericanas. Representado de muy diversas maneras y con diferentes simbolismos. Así, de cierta manera el dragón ha estado presente en la Mesopotamia y en Tenochtitlán. En el antiguo Egipto y en la Europa primigenia. En Occidente y en el Lejano Oriente.

Un dragón es un ser de respeto y al que se le debe de temer... Respeto por el conocimiento y sabiduría que posee. Y, temor pues son observadores de todos los actos del hombre. Ellos saben de antemano y antes de que se les busque quien es digno de su conocimiento y quién no.

Pero, a pesar del tiempo que ha transcurrido desde entonces, el término sigue vigente para los practicantes de Alquimia, ya que dentro de los arquetipos que estudia este Arte se encuentra el Dragón, que es el Guardián de la Sabiduría más elevada, el custodio de las puertas entre los mundos y el que sobrepasa en poder a cualquier otra criatura sobre la Tierra, estando a la par de los hombres Iluminados. De ahí que en las historias mitológicas del Vajrayana del Budismo, los Sabios se conviertan en Dragones, como Kuan Yin, por ejemplo, y que en el Taoísmo (alquimia china) los Ocho Inmortales viajen en una barca que en la proa tiene la imagen de un Dragón que sujeta una Joya Flamígera entre sus quijadas. En el medio-oriente sabemos que antes de entrar el otro mundo, los iniciados egipcios tenían que ser tragados por un Dragón, que era como un Portal para poder cruzar. Pero no sólo en esos pueblos lejanos han tenido constancia de la aparición del legendario Dragón: En occidente, también vemos narraciones que relatan simbólicamente el desarrollo del Mito del Héroe, donde éste tiene que vencer al Dragón para hacerse dueño de su tesoro. Y esto es porque el Dragón es el legendario custodio del Grial, de la Copa del Mundo donde el Demiurgo mezcló los elementos en un principio. Y según las crónicas más antiguas, que ya eran viejas desde que se hundió Atlantis, pero que nos han llegado por tradición oral, el Demiurgo Sammael designó a los Instructores como custodios de la Sabiduría porque, simbólicamente, antes de guardar el Grial, ellos lo habían poseído.

En muchos mitos de la Creación del mundo, se describe a los Dragones formando parte importante durante la Creación, y en muchas crónicas antiguas se dice que el dios padre del panteón de dioses del pueblo en cuestión, usó la piel de un Dragón para crear el mundo. Estos mitos son una forma distorsionada de las antiguas verdades, pero si se toman simbólicamente, se accederá al conocimiento milenario de los Guardianes de Sabiduría, de los Hermanos mayores de la Tercera y la Cuarta raza raíz, según los denominó H. P. Blavatsky. En un libro muy antiguo, el Libro de los Días, se relata que al principio del tiempo, el Demiurgo (el Primer Inmortal creado, el Elohim de la Octava Esfera y hermano mayor de los otros siete) emergió del Caos y habiendo visto los arquetipos perfectos de todo lo que sería, contenidos dentro del Absoluto, los proyectó por medio de su Mente, y así revistiéndolos de su propia substancia (Alma), hizo manifiesto lo inmanifiesto y lo invisible se hizo visible. De aquí que en los mitos más actuales se diga que el mundo fue creado por el más poderoso dios a partir de la piel de un Dragón. Y esto último era porque Sammael era representado como un Dragón por los Antiguos Señores del Secreto del Caos que custodiaban el conocimiento velado para los atlantes. Para los Señores del Secreto del Fuego también era el Dragón un símbolo de aquello a lo que aspiraban. Pero con la conmoción del continente después de que algunos de estos Guardianes perdieron su equilibrio por tratar de controlar el conocimiento vedado, el recuerdo permanece latente en la humanidad. ¿Y por qué en occidente se le tiene ese temor al Dragón en la actualidad? ¿Por qué para la institución religiosa se convirtió en la representación del pecado? Porque muchos de los que habían adoptado ese "escudo de armas" en la antigua Atlantis fueron los que provocaron el hundimiento del continente, y muchos de los que ahora temen al Dragón sufrieron los desastres que conmocionaron al antiguo continente y murieron ahí. Inconscientemente la gente le teme al dragón porque al verlo, aflora a su conciencia la memoria casi olvidada de un pasado que fue devastador para muchos, puesto que las heridas que esa catástrofe causó en su psique todavía no están del todo curadas. Pero otros están fascinados por el Dragón y su imponente presencia. Y esto se comprueba si miramos hacia las costumbres de los pueblos de oriente, donde la Sabiduría sempiterna no ha sido tan perseguida como aquí en occidente.

Un elemento básico de occidente es su ansia de dominio sobre todo lo creado. Sea inferior o superior. Si es inferior ratifica su carácter de amo de todo lo existente. Si es superior, muestra su gran poderío. Éste fue uno de sus errores garrafales con relación a los dragones. Al no poder dominarlos, ni como seres ni como arquetipos, decidió execrarlos de la realidad, aunque no haya podido hacerlo con la memoria.

                                 LOS PODERES DEL DRAGÓN.


El Dragón, conformado por los cinco elementos, es Señor de ellos y de todas sus manifestaciones en todos los mundos. Y su Poder se extiende a conocer el Secreto de la manipulación de la Raíz de sus principios: la Materia Prima. Y para manipularla hay que ser capaz de verla, pero verla es adentrarse en la Nada, en el mismo vacío manifiesto. Por ello, quien logra ver la Primera Materia con la visión de sus ojos físicos, ha adquirido la llamada y legendaria Visión del Dragón. Aquí traemos de nuevo el significado de la palabra Dragón en griego: "el de la vista aguda o penetrante". El Dragón, siendo señor de las manifestaciones, se remonta a su substancia primigenia, y de ésta hasta sus esencias. Quien posee la vista del Dragón puede ver más allá de las apariencias y contemplar la Luz de la Verdad que se oculta detrás de ellas. Puede ver la Luz del Espíritu (aquí me refiero al Éter) que brilla en la Obscuridad y las tinieblas de la Materia. "Toda manifestación es un Templo Luminoso de Dios", han dicho los Alquimistas, y aquí tenemos el por qué de ese enunciado.

El Poder de invisibilidad (logrado en todos los niveles dimensionales) que ha hecho famosos a muchos Alquimistas a lo largo del tiempo, sólo es de efectos nulos cuando es contemplado por otro Alquimista que ha llegado a conseguir este Poder.

Otro de los poderes clásicos del Dragón es la capacidad de metamorfosearse y adquirir las más variadas y disimiles formas. Esta capacidad también se le atribuye al Mercurio de los Filósofos, por su cualidad mutable y algo inestable cuando no ha sido preparado adecuadamente. Esta facultad sólo se refiere a actuar sobre la contraparte etérica de los objetos que son visibles para nuestra vista. Así, quien logra influir sobre su propio cuerpo etérico, indirectamente lo hará sobre el físico. Si alguien cambia la forma de su cuerpo etérico, su cuerpo físico adaptará la forma fijada. He aquí el secreto de la transformación de los Adeptos de Alquimia.

El poder sobre el Fuego en todas sus manifestaciones es otra de las facultades propias del dragón, que le permite al practicante dominar las fuerzas naturales y energías elementales, así como alterar la realidad en todos los niveles del ser, en todos los mundos y dimensiones. Es uno de los más codiciados por los Adeptos. La misma palabra Alquimia, en su etimología, quiere decir: "Dominio del Fuego". Y aquí entran los Cinco Fuegos de los que han hablado los Adeptos.

La Sabiduría más elevada, la sobrenatural, es uno de los Poderes del Dragón que el practicante comienza a adquirir desde sus primeros pasos en la Gran Obra. Pero sólo al finalizarla se perfecciona, y entonces el Alquimista se hace digno merecedor de ser premiado con la Perla de la Sabiduría que le otorga el tesoro de la Sabiduría, ya que desde antiguo se sabe que el oro está asociado a la Sabiduría.

El Don de la Palabra comprende desde el habla elocuente, hasta el desarrollo del Poder Activo y creador del Verbo (la Palabra Divina que crea la Luz y por medio de ésta trae las manifestaciones a la existencia), hasta el comprender el Lenguaje del Dragón, también llamado Lengua Verde, el "lenguaje de los pájaros, de los dioses o de las serpientes". Este es el Lenguaje de la Creación que ha sido olvidado, y que sólo las Almas comprenden todavía, aunque muchas no lo recordarán hasta que despierten siendo una Unidad con la Gran Alma del Mundo.

Por eso, la próxima vez que observen la Imagen de un Dragón occidental, piensen que los Custodios de la Sabiduría, Guardianes de las Puertas entre los Mundos y Señores de la Creación, usaron ese símbolo una vez para mostrarse ante los hombres...y que, a pesar del paso del tiempo, siguen usándolo porque, al igual que su Sabiduría, es un símbolo que no dejará de existir mientras la Creación permanezca.

Por último, recuerden siempre que, Thoth Hermes, el Dragón de Al-khem, Hijo del Sol Nocturno, ha dicho en sus "Tablas de Esmeralda": "Sabiduría es Poder, y Poder es Sabiduría; uno con otro perfeccionan el Todo".

Las interpretaciones más familiares de dragones son los Dragones europeos, derivados de la tradición popular y de la mitología de Grecia, Escandinavia y Próximo Oriente, y también las de Dragones orientales. La palabra dragón deriva del griego δράκων (drákōn), "dragón, serpiente de gran tamaño, o serpiente de agua", que probablemente venga del verbo δρακεν "ver claramente".

En función de las diversas culturas que lo han representado, la figura del dragón juega un papel importante como dios y/o guardián, o como monstruo y poderoso enemigo. Se le atribuyen cualidades y habilidades tales como ser poseedor de una gran sabiduría y conocimiento o pecar de gran avaricia y codicia que le conduzca a devastar poblaciones enteras para apilar gigantescos tesoros. Por lo tanto, la imagen y figura del dragón ha ido variando y ha sido interpretada de muy diversas formas a lo largo de la historia.

Las culturas occidentales y orientales han imaginado reptiles gigantes y alados; puede ser debido al contacto con cocodrilos, caimanes y/o gaviales junto al hallazgo de fósiles de reptiles voladores.

El simbolismo alrededor del dragón es esencialmente el de la lucha. La lucha entre el dragón y un héroe o un dios tiene, sin embargo, distintos significados. En estos míticos combates el dragón asume dos papeles, el de devorador y el de guardián, que tienen finalmente una sola raíz: el de un ser cósmico en espera, cuya acción implica la muerte -o el nacimiento- de un orden universal.

Las actitudes tomadas en las culturas del mundo frente a la figura del dragón y la lucha que supone se distancian en ocasiones, particularmente si se compara la idea de dragón que existe en el lejano Oriente con la predominante en Occidente.

Las tribus nórdicas de Europa asociaban su folclore con varios aspectos terroríficos del dragón.

Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalipsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores. En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado y al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y los reinos cristianos sobre el diablo. La leyenda de San Jorge y el dragón, ilustrada en la figura de la derecha, muestra claramente este significado

En el simbolismo medieval la idea de lucha contra dragones sirvió para fortalecer la motivación de los reinos cristianos. Se presentaban a menudo también como representaciones de la apostasía, la herejía y la traición, pero también de cólera y envidia, y presagiaban grandes calamidades. Varias veces significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza. Los colores a menudo determinaron el simbolismo que un dragón tenía. En la pauta del viaje del héroe, los dragones representaron el obstáculo o el temor, y el paso necesario para volver al hogar, y como muchos dragones se presentan también como la encarnación de la sabiduría, en esas tradiciones matar a uno de ellos no sólo daba acceso a sus riquezas sino también significaba que el caballero había vencido a la más astuta de las criaturas. Otra faceta del dragón en la mitología clásica de la época caballeresca es el dragón como guardián que custodia o secuestra princesas en sus castillos.

En el occidente de la actualidad es casi siempre concebido como una criatura malvada, poderosa y cruel, estereotipo extraído tanto de las antiguas leyendas como de las más modernas películas.

En la Mesoamérica precolombina existe una gran tradición de veneración a la serpiente como animal sagrado. Gracias al intercambio cultural debido en gran medida a las constantes guerras de conquista de algunos imperios mesoamericanos y el intercambio comercial de otros tantos, no era de sorprenderse que muchos pueblos compartieran no sólo creencias, sino que los dioses extranjeros súbitamente formaran parte integral de un panteón dado. De esta manera las criaturas mitológicas también eran absorbidas por la gente e incluidas en el folclore y religiones de dichas naciones.

Las serpientes mesoamericanos a menudo son acompañantes de dioses a quienes asisten en sus deberes. Tal es el caso del dios tutelar de los tenochcas, Huitzilopochtli, a quien un dragón de fuego asiste como arma. Algunos dioses responsables de la lluvia (excepto Tlaloc) montan serpientes de viento mientras lanzan dardos y flechas a las nubes ocasionando la lluvia.

Algunas características casi siempre presentes en las serpientes mesoamericanas son:

Cuerpo serpentino o de serpiente.
Plumas (en tocado o como símbolo de divinidad).
Capacidad de volar.








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